lunes, 4 de octubre de 2010

Siempre hay un maldito conejo al que perseguir...

Hace largo tiempo perseguí a contrarreloj a mi propio conejo blanco, como una vez hizo Alicia. Al principio me llevó por sendas maravillosas, con mucha luz y aire fresco. Me gustó tanto lo que descubrí gracias a él que me empeñé más que nunca en seguirle, al principio con curiosidad, pues quería ver lo que me esperaraba más allá; pero al final la curiosidad se convirtió en obsesión, no podía sacarme de la cabeza al conejo blanco. Algo que te hace sentir tan bien no puede ser malo, ¿no?... eso pensaba, hasta que un día el conejo se me adelantó tanto que lo perdí y me dejó sola en medio de la noche con la sola compañía del murmullo de los árboles.
Al final conseguí volver a la civilización, a mi casa, aunque me costó... y aún hoy, a pesar de pasarlo tan mal cuando me vi perdida, echo de menos al conejo.
Curioso, ¿no? ¿Cómo echar de menos algo que nunca se alcanzó?



4 comentarios:

  1. Volverá, no te preocupes. Y si no vuelve, lo hará otro "conejo" más grande y "más mejor" Tú recorre ese camino con la amarga y a la vez dulce soledad e incertidumbre de lo desconocido. Disfruta de las vistas, pero no te estanques, ni en el pasado ni en el futuro. Cómo diría cierto cantante: "it's your live" ;)

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  2. siempre lo inalcanzable es lo mas deseado... y a veces no se si prefiero q siempre sea asi, puesto q una vez que alcanzamos lo que seguiamos, se nos hace pequeño, absurdo, y llegamos a menospreciarlo y tirarlo.

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  3. Preciosa comparación.
    Al señor Lewis le encantan las paradojas, y a nosotros también. La paradoja de seguir las locuras, de darle alimento a los problemas, de abrazar con fuerza los ramos de rosas. Da igual si tarde o temprano nos pinchamos. Quizás no lo hagamos nunca.
    Somos almas inquietas.
    Debemos perseguir.
    Debemos conquistar el mundo.

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