miércoles, 28 de noviembre de 2012

Nuestros monstruos

Es curioso, de niños nos sentíamos seguros bajo el peso de nuestra sábana; nada ni nadie nos podía tocar ni hacer daño, estábamos "mágicamente" protegidos de los monstruos de la noche. Y con la llegada del amanecer desaparecía todo rastro de ellos.
Cuando crecemos aprendemos que los monstruos no pertenecen a la noche, sino al día; es entonces cuando hacemos a la noche cómplice de nuestras pesadillas diurnas y nada nos puede consolar salvo el silencio que ella nos proporciona y, por supuesto, el peso de nuestra sábana.

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