sábado, 21 de enero de 2012

Perdida

Me observa de reojo, como si le diese miedo mirarme, reconocerme. Saca valor desde algún lugar de sí misma, se acerca y me toca la cara con su dedo índice, como si probase algo..."¿eres real?" Se asombra de su descubrimiento; creo que deseaba que no fuera así. Sus ojos me miran profundamente, escudriñándome, intentando buscar un atisbo de lo que fui, de lo que deseaba que yo fuese. 
Creo que ya no le gusto, lo leo en las arrugas que se han creado en su frente, en sus ojos lagrimosos..."has cambiado".
Quiero que vuelva, que no se marche, pero ¿cómo decírselo? está muy lejos...al otro lado del espejo.

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